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    Garamendi: «Los sindicalistas son personas, ¡como nosotros!»

    Editor de EmpresasdeCartagena.com, EmpresasdeMurcia.com y EmpresasdeLorca.com. Antes: La Opinión, Efe, Londres, Madrid y Roma. Fundador y ex editor de MurciaEconomía.

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    Primer matiz: no sé si lo dijo con coma y exclamaciones. En mi opinión, sí. Y es un matiz importante, porque estos signos denotan sorpresa y es lo que me percibí. Y eso empeoraría la frase, aunque sinceramente creo que sin comas y sin exclamaciones sería más apropiado. Los sindicalistas son personas como los empresarios. Y ese es el problema.

    Segundo matiz: la frase no es original suya, aunque no dudó en adherirse. La había pronunciado minutos antes su antecesor en el atril, el nuevo presidente de la CROEM, Miguel López Abad, quien afirmó que cuando era un empresario más “nombrar a los sindicatos era nombrar a la bicha”, pero que desde que ocupa puestos de responsabilidad en organismos empresariales se ha dado cuenta de que no así: “los sindicalistas son personas como nosotros, que defienden sus intereses”. Sin exclamaciones y sin coma. Y ese es el problema.

    El problema es que los líderes sindicalistas son personas como los empresarios, algunos incluso con Rolex y todo.

    Y el problema es que, salvo contadas excepciones (y en Cartagena y Murcia creo que hemos tenido bastante suerte, al menos en los últimos años), lo habitual es que tanto líderes empresariales como líderes sindicales defienden sus intereses. Los suyos.

    Y en muchos casos, los intereses de los líderes pasan por permanecer en sus puestos (algo tendrán además de excelentes salarios). Igual, dicho sea de paso, que Florentino Pérez es presidente del Real Madrid por algo más que amor los colores (que no digo que no lo tenga).

    Señor Garamendi, usted representa y defiende a las empresas y a los empresarios españoles, pero muchos de ellos, la mayoría, tenemos ingresos ni salarios que no se acercan al suyo, que -dicen- gana seis cifras al año y más que el presidente del Gobierno (y no voy a entrar a valorar si este merece lo que gana).

    CEOE, el organismo que usted preside, significa Confederación Española de Organizaciones Empresariales. Organizaciones empresariales. Todas. También las de pymes… e incluso, sí, también las de autónomos. Y el 99,999% (aproximadamente) de las empresas españolas no formamos parte del Ibex 35 (y el 99,99%, también aproximadamente, no estamos en Bolsa), y entre «nosotras» y los autónomos sumamos casi el 70% del empleo y casi el 70% del PIB.

    Muchos de los que estábamos allí cuando usted pronunció estas palabras empezaron como pymes o como autónomos, ellos, o sus padres, como explicó López Abad. Amplío: muchos de los que estaban allí todavía eran dueños de pymes…. o micropymes, no empresas del Ibex.

    Agradezco a COEC y Croem haberme invitado, parte como periodista, parte como directivo de un medio de comunicación. Y aprovecho, y no es por hacer la pelota, pero aunque no los he conocido mucho en persona porque siempre he mantenido un perfil bajo, todos los presidentes de la CROEM y la única presidenta de COEC que he conocido – algunos de ellos aunque sea por un saludo de dos minutos, y/o a los que he seguido como periodista o como microempresario-… eran y son personas cercanas. Y vivían -y viven- ya no solo en el planeta Tierra, sino en sus respectivos territorios, regiones o ciudades. Nadie (o muy poca gente) me ha hablado mal de José María Albarracín o Miguel del Toro, ni de Ana Correa en Cartagena, y no he tenido ocasión de hablar con ella (disculpa, Ana, lo dejo ya para septiembre), pero la comunicación verbal ha sido exquisita: no se puede decir tanto en un microsegundo y sin abrir la boca (Ella sabe a qué me refiero, y demostró la persona que es).

    Uno, que ha sido cocinero antes que fraile y becario antes que propietario de microempresas (y todo lo que pueda haber entre becario y propietario), y que es autónomo además de “jefe”, le agradece que se dé cuenta de que todos somos personas, y ¿sabe? No sé si sacaré esta empresa adelante, depende de muchos factores, pero le aseguro que todos mis empleados son bastante más felices y han rendido más… y hacen cosas por la empresa sin que se les pida, cuando se les ha pagado más de mil euros al mes.

    Y para que quede claro, no le culpo a usted y no es nada personal. Su papel es defender en las empresas, como el de los sindicatos es defender a los trabajadores. El problema es que también ustedes -los líderes de ambos bandos- tienen que defenderse a sí mismos, y para ello -unos y otros- tienen que defender posturas extremas y parecer inexpugnables e inflexibles ante ellas. Sí, sé lo que supone la diferencia entre un 3% y un 5% en el aumento de salarios (en el nuevo convenio de mi sector me he encontrado con un 8%). Pero no veo tan mal que acuerden ustedes -unos y otros un 4%-, como propone el Gobierno.  Y le aseguro que si un empleado me rindiera 50 o 100 euros al mes (beneficio o productividad menos costes) no me saldría a cuenta mantenerlo. Pero es que, aunque la cifra varía de una empresa a otra, lo cierto es que estamos hablando de que la empresa gane 400 o que gane 450 euros por empleado por lo menos, cada mes. Solo hay que coger unas cuantas al azar, echar cuentas, y mire, incluso tirar por lo bajo. En el caso de aquellas a las que usted mejor defiende… suele ser más que eso… ¡al mes! Y si una empresa va mal, no será porque esos 50 euros le hagan pasar de que la empresa gane 25 a que pierda 25.

    Y entiendo que, igual que el de los sindicalistas, y el determinados políticos, locales, regionales o nacionales, su trabajo sea decir datos “inexactos” (nótese la sutileza) y defender posturas disparatadas (o la contraria, extrema, también disparatada). Si lo ha hecho mi partido está bien. Si lo ha hecho el otro, está mal. Si estoy en el Gobierno, todo va de P. M.; si estoy en la oposición, todo es un desastre… Si manda el que yo quiero, todo está perfecto. Si manda el otro, todo va peor. Y luego, la culpa siempre la tienen las herencias del gobernante anterior.

    No olvide que los empresarios, como los sindicalistas, y como los trabajadores, también son personas. Y, al mismo tiempo, señores sindicalistas, no olviden por su parte que los empresarios también son personas, como ustedes. Y no voy a entrar en la guerra de quién tiene más peso en el sistema, si el que pone el dinero o el que pone el esfuerzo (aunque el empresario suele poner ambas, al menos al principio, en su gran mayoría; también es cierto que no siempre el esfuerzo de algunos trabajadores es reconocido). Amancio, lo critiquen unos o lo alaben otros ahora, empezó hace muchos años -y décadas- junto a su mujer y poco más.

    Lo lamentable es que en ambas partes haya chorizos (en el más amplio sentido de la palabra). Porque en ambas partes hay personas, y entre las personas (sean empresarios o sindicalistas, sean jefes o trabajadores, sean políticos o ciudadanos de a pie) hay gente buena, mala, regular, mejor, peor, muy buena y muy mala. Y chorizos. Les pido a todos que recuerden, cuando negocian, que todos somos personas.

    Así pues. Señores empresarios. Dejen de ser tan quisquillosos con minucias, migajas y estupideces y … y señores sindicalistas, por otro lado, dejen de pedir las estupideces contrarias; dejen de pedir cosas que saben que no se van a cumplir y/o que quedan bien en el papel (en la teoría) pero no son viables en la práctica, y compórtense todos como Personas con mayúsculas.

    Y señor empresario que quizá no esté de acuerdo conmigo. ¿Soy empresario? Sí, pero para ello he invertido mis ahorros, he rehipotecado mi casa, he pedido dinero prestado a mis padres y quiero que mi empresa gane dinero. Por supuesto. Pero mis empleados, (que también son personas, como yo, por cierto, o incluso mejores), también tienen que ganar. Y como he dicho antes, son más felices cuando tienen mejores condiciones; y se está demostrando en muchos otros países cómo esto repercute en la productividad. Otra cosa es que, entre los trabajadores, como entre los empresarios, los políticos, y los sindicalistas, los hay muy buenos, buenos, regulares, malos, muy malos… y chorizos. Y no entro en que estemos en España, porque -otro día hablaré de ello- creo que la culpa de que un país vaya bien o mal no es (toda) del «sistema» (sea lo que sea «el sistema»), sino de las personas. Y por supuesto, como dice el señor Garamendi, tanto los empresarios como los sindicalistas son personas. Ese es el problema.

    Y por si algún trabajador, aparte de los míos, lee esto, les digo lo mismo. Todos tenemos que poner de nuestra parte, porque me avergüenza que en este país, sea empresario, sindicalista, jefe o trabajador, la frase que se escucha inmediatamente después de que hayan cazado a alguien metiendo la mano en la caja es… “Menudo chorizo, pero anda que si estuviera yo en su puesto…”. Y ese es el problema. No el puesto, sino las personas.

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